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El 21 de abril de 2008 se cumplieron 180 años de la entrada en vigor del Tratado de Amistad, Navegación y Comercio entre los Estados Unidos Mexicanos y el Reino de los Países Bajos. Se trata de una efeméride muy significativa en la historia de las relaciones bilaterales, así como en la historia de las relaciones internacionales de México.
Nuestro país surgió a la vida independiente en 1821. A partir de ese momento una de sus preocupaciones centrales fue lograr que la comunidad internacional lo reconociera como nación soberana. La consecución de este objetivo no fue fácil. España, su antigua metrópoli, no sólo no aceptó su independencia – lo haría hasta 1836 – sino que presionó a otras potencias para que la secundaran.
Los primeros contactos oficiales entre México y Holanda datan de septiembre de 1824, cuando el diplomático mexicano Manuel Eduardo de Gorostiza se trasladó a La Haya con la instrucción de obtener el reconocimiento de los Países Bajos. Si bien de Gorostiza no consiguió ese propósito, si logró que el gobierno holandés accediera a entablar relaciones mercantiles. Sobre dicha base, los representantes de México y los Países Bajos en Londres negociaron un tratado de amistad y comercio, y lo suscribieron el 15 de junio de 1827.
El Tratado de Amistad, Navegación y Comercio entre los Estados Unidos Mexicanos y el Reino de los Países Bajos tiene una importancia doble. Por una parte, constituye el primer acuerdo entre México y Holanda y marca el inicio formal de las relaciones entre ambos países. Por la otra, fue uno de los primeros tratados que firmó México y, en esa medida, contribuyó a consolidar su posición como nación soberana. He ahí su gran valor.